Hola (reflexión en voz alta)

Me llamo Vanesa, tengo 32 años y soy periodista.

Bueno, en realidad, estudié periodismo en la Universidad de Sevilla, pero después hice un curso de FPO de Grafista-maquetista, por el que entré a hacer prácticas al diario en el que llevo 9 años. Yo me considero maquetadora.

Siempre me ha gustado el diseño gráfico. De hecho, desde que empecé ese curso, poco a poco me fui interesando por él y por la maquetación. Creo que es un mundo fascinante, con muchas posibilidades. Me gusta, la verdad. Tanto, que hasta creé este blog. Algo que empezó un poco como una gracia con mis compañeros del diario, pero que en realidad ya forma parte de mí.

Pero de un tiempo a esta parte siento que mi carrera profesional ha tocado techo. No sé si es fruto de esta crisis que nos azota o de las turbulencias que están produciendose en los medios, no sólo en la prensa, que quizá está siendo la más damnificada, si no en todos en general.

Será porque al pasar los años te vas acomodando en tu puesto, con tus cuatro herramientas, con tus cuatro páginas más creativas y el resto sota, caballo y rey.

Será que el aprovechamiento del color, las páginas que van para el grupo, la incomunicación con el redactor, el cada vez mayor ninguneo a la sección, el que se le dé a todo el mundo una herramienta para automaquetarse sus páginas, entre otras cosas, van haciendo que pasar el día sea tu objetivo (una pena) al llegar al trabajo.

Será que a veces das prioridad a tu vida familiar frente a la profesional, y estás tan imbuida en ella que te cuesta trabajo salir y tratar de conciliar, como para encima expandir tus conocimientos y capacidades…

O será que todo se une para que la motivación desaparezca cada día un poquito más hasta desaparecer. No sé.

Pero siento que me estanco. Que llevo estancada mucho tiempo. Que no salgo del día a día, que no aprendo todo lo que sé que podría, que me ronda la idea de que esto no es para mí. No sé si no es para mí ahora, o es que nunca lo ha sido. Pero si por un momento pienso en quedarme sin trabajo, sin este trabajo, creo que el mundo del diseño se esfumaría ante mí de un plumazo. Se quedaría aquí, en este sillón, en este puesto de trabajo donde he desarrollado todo lo que llevo de vida laboral. Todo.

Y sólo pensar eso es ya muy duro.

A veces leo sobre programas y formatos digitales que no sé ni que existen. Veo auténticas obras de arte del diseño, no sólo ilustraciones o arte callejero o portadas de suplementos espectaculares. También páginas web, maquetas de papel, una simple tarjeta de visita que me da la sensación de que están totalmente fuera de mi alcance. Y seguro que es culpa mía el no querer implicarme más con lo que hago y dejarme, abandonarme, en esta faceta…

Quizá no haya vuelta atrás, pero sí es posible seguir hacia adelante. Tratar de reciclarme. Tengo claro que si me quedo sin trabajo, intentaré cambiar de rama, buscar otras posibilidades, formarme para diseño web tal vez… O cambiar radicalmente y montar una floristería, vete tú a saber…

No sé si esto es simplemente una reflexión íntima que tenía necesidad de sacar de mí y leerla como si de otra persona se tratara. Sé que es un tocho, pero ahí queda… Todo dependerá de lo que suceda en un futuro no muy lejano, de que me vaya o me quede. Lo que pase será triste de todas formas, por mí o por las personas (que NO números) que me acompañan cada día, mis compañeros, algunos amigos.

Sólo puedo decir que es una pena cómo se está viniendo abajo todo esto. Creo que tenía más futuro, mucho más del que le han dejado. Y que GRACIAS por leer esto. Es todo.

P.D.: “Pedazo de selección que cada día dignifica una ‘pata’ del periodismo por lo general infravalorada pero crucial para hacer atractiva, amena e interesante la lectura: los diseñadores, maquetistas, retocadores de imágenes, infografistas y lo que les echen. Y como bien dice mi querida Vanesa, buenas personas y no meros números. Talento, creatividad, I+D permanente, intangibles todos que, lemantablemente, cotizan a la baja o no cotizan cuando de lo que se trata es de números. Comoquiera que sea, agarrémonos a la exclamación del fotomontaje: ¡¡Podemos!! Y crucemos los dedos ante lo que haya de venir…” F. Villegas

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